1 de julio de 2010

Solo y sin música

Me despierto con tranquilidad para desayunar y preparar al androide mientras estoy fuera. La rueda pinchada justo antes de salir. Me corto, sangro por el dedo, reparo con calor y prisas, llego tarde. En una rotonda un loco casi me atropella, suspiro. Bruno y un compañero suyo sólo me acompañarán hasta la encina, una vez allí, me quedo solo y sin música para pasar las dos horas y diez minutos que me quedan.
Como siempre, la ruta la decide al 50% la dirección y fuerza del viento, el otro 50%, las ganas y los planes que tenga.
Ya de vuelta, me paro en Soto y me doy un capricho, un descansito para una Coca Cola que aprovecho para ordenar al androide (no me deja ni a sol ni a sombra) y vuelta. La coca Cola no me ha sentado muy bien y hasta que se asienta en el estómago, me cuesta ir cómodo. 91 kms y primer bloque de la semana cumplido escrupulosamente.

La música acompaña, simplemente está, porque no siempre se escucha, pero se queda, quita el sonido del viento y hace del colchón, también de esponja para el tiempo, porque la música absorbe los recuerdos que hemos vivido cuando sonaba. Hoy sólo han sido kms en la suma.

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