Después de casi un año, subo un puerto, y ha sido Canencia, donde otras veces he sufrido contra el viento, contra mi corazón y mis piernas en tenso lanzamiento hacia arriba, haciendo series, una tras otra, con la desvanecida música que suena en el mp3 cuando vas a 180 pulsaciones.
El día estaba húmedo y despejado, sin mucho calor y sin viento. Sólos Andrés y yo. El plan previsto nos ha desganado y al final, tras subir Canencia, hemos vuelto y subido a Mataelpino, luego a la presa de Navacerrada y al Arcipreste. Café y tostada en Cerceda y vuelta con el CC Colmenar Viejo. Tras dejar a Andrés, he impuesto un ritmo poderoso para ver como asimilaba el esfuerzo, y ha resultado muy satisfactorio. Con fuerza y energía tras una primera hora pobre (el ritmo de volumen de toda la semana lo llevaba pegado aún) una segunda de base, una tercera poderosa y la cuarta, de fuerza y empuje.
125 kms, 1300 metros de desnivel y media de 30,5. La porción de calidad la he cumplido, la semana va perfecta.
La luz de hoy al amanecer empequeñecía las cuestas del carril por el que habré pasado casi mil veces. La luz del atardecer, encendía mi sangre y me decía que yo pertenezco a la última generación que podrá ver el amarillo.
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