3 de julio de 2010

La Morcuera

Levantarse muy pronto, mirar el cielo. Había quedado con Curro y Andrés, pero al final, ninguno de los dos se atrevió con las nubes de tormenta que se aproximaban. De soto a Miraflores, tranquilo pero sin ir despacio, ya no llevo ni pulso ni siquiera velocidad, sólo mi corazón en sintonía con las piernas son quienes deciden el ritmo.

Empiezo a subir Morcuera, marco el botón de tiempo. Me dosifico, otra cosa no, pero conocérmelo, me conozco bien este puerto. Es 3 de Julio y a la orilla de la carretera las hortigas aún están verdes. Empieza a chispear. Arriba se sufre casi siempre y más cuando es un test serio de calidad. Sopla ligero viento a favor en esa última rampa. 35:43. Considerablemente mejor de lo que me esperaba. Ha sido un triunfo absoluto y total, estoy feliz y pletórico, pero hace frío arriba. Relajo las piernas hasta la fuente Cossio y vuelvo. En cuanto empiezo a bajar, llueve y no parará hasta Tres Cantos, de manera insistente pero tranquila. Vuelvo rápido, ya que no completaré el recorrido previsto, al menos que sea de calidad. 3 horas, 88 km y ya se en qué punto se encuentran mis fuerzas.

Vaciar el vaso para llenarlo de nuevo, beber, saber que vives. Soy un león mojado, un pájaro que desciende hasta la orilla de un lago y simplemente bebe un sorbo y se va. Es breve pero intensa la emoción. Se que sigo vivo y me muevo, ese es mi motor.

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